Una invitación a ralentizar, escuchar y reconectar: según Simon Hardy
Más allá del empresario, un hilo conductor: la relación con lo vivo. Simon Hardy comparte su recomendación del documental « La Ballena y el Músico » de Rone, y una invitación a ralentizar, escuchar y reconectar.
Detrás del empresario y del profesional del turismo, otra dimensión aparece progresivamente: la relación con lo vivo. Al final no está tan lejos de sus primeros estudios en protección del medio ambiente. Simon habla de naturaleza, de escucha, de conexión, de nuestra dificultad colectiva para ralentizar y sentir.
Explica tener la sensación de que nos hemos vuelto « muy, muy, muy desconectados ». Esa reflexión lo lleva a compartir una recomendación muy reciente que lo conmovió profundamente.

Su recomendación: La Ballena y el Músico
La víspera de la entrevista, Simon fue a ver La Baleine et le Musicien (La Ballena y el Músico), el documental de Valentin Paoli dedicado a una experiencia dirigida por el compositor de música electrónica Rone.

El principio de la película hace eco de inmediato a todo lo que Simon acaba de contar. Tras descubrir que su música parece atraer a los cetáceos, Rone se hace a la mar con científicos para intentar explorar una forma de diálogo musical con una ballena jorobada. El dispositivo está supervisado científicamente para limitar el riesgo de perturbar a los animales.
Simon relata en particular esa idea de colocar un hidrófono en el agua, escuchar a los cetáceos e intentar comprender lo que ocurre cuando se les propone una música. Lo que le interesa no es únicamente la experiencia musical: es el intento de comunicarse con otra forma de lo vivo.
Fue a ver la película con tres amigos. Su reacción es muy sencilla:
Los tres teníamos anoche una lágrima en el ojo viendo esa película.
Habla de ella porque es « muy reciente », pero sobre todo porque la película entra directamente en resonancia con sus preocupaciones.
¿Cómo escuchar? ¿Cómo entrar en relación con aquello que no usa nuestro lenguaje? ¿Cómo respetar lo suficiente al otro para no imponer nuestra presencia? ¿Cómo recuperar una capacidad de asombro?
Simon observa también que este tipo de película atrae menos fácilmente al gran público que una gran producción espectacular. Ve en ello nuestra tendencia a buscar cosas que « nos excitan en el momento », pero también, quizá, una dificultad para aceptar ciertas emociones. Llorar, conmoverse, enfrentarse a lo que uno siente: no todo el mundo tiene ganas de eso.
Para él, esta película constituye precisamente una invitación a esa reconexión. Es una recomendación que desea compartir con la comunidad.
Gondar: la otra anécdota que hay que descubrir en imágenes
Si hubiera que retener una segunda recomendación surgida de su trayectoria, sería tomarse unos minutos para mirar los castillos de Gondar.

La anécdota es importante precisamente porque el propio Simon no sabía que existían antes de que le propusieran su misión. Se marcha a Etiopía casi preguntándose:
¿Castillos en África?
Y descubre finalmente un conjunto real monumental, declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO, que se convertirá en su lugar de trabajo durante dos años. Es una buena ilustración de lo que atraviesa toda su trayectoria: llegar a un lugar sin saberlo todo, aceptar la sorpresa, aprender sobre el terreno y transformar después ese descubrimiento en un proyecto concreto.